Una lección japonesa
Tradición y modernidad, disciplina y respeto: lo que la escuela en Japón puede enseñarnos (#40)
🧭 Disciplina y esfuerzo
En una nota anterior, titulada Un mito educativo, comentaba que Japón destacó en el último informe PISA en las tres áreas evaluadas: ocupa la quinta posición en matemáticas (536), la tercera en lectura (516) y la segunda en ciencias (547).
Cada país tiene su propio modo de entender la educación y conoce bien su potencial. Japón posee el suyo, muy particular, y algunos de sus planteamientos —aunque quizás poco populares en nuestra sociedad occidental— resultan realmente admirables. De ello trata esta nueva nota.
En Japón, el sistema educativo se fundamenta en la disciplina y el esfuerzo colectivo. Estas características, a veces mal entendidas, suelen generar cierto rechazo, especialmente cuando se observan desde nuestra cultura occidental.
El término disciplina se interpreta con frecuencia de forma negativa, y la idea de lo colectivo tampoco siempre resulta atractiva. Con conceptos como exigencia y esfuerzo también conviene andar con pies de plomo últimamente. En el modelo japonés, sin embargo, destacan la cultura del respeto y la responsabilidad —valores difícilmente cuestionables—, junto con un enfoque riguroso en matemáticas y ciencias y una activa implicación de las familias.
🏫 La escuela japonesa por dentro
La educación es obligatoria durante nueve años: seis de primaria (shōgakkō) y tres de secundaria inferior (chūgakkō). Después muchos estudiantes continúan en la secundaria superior (kōkō) y en la universidad. El curso escolar comienza en abril y termina en marzo, con vacaciones en verano (unos 40 días desde finales de julio), invierno (entre finales de diciembre y principios de enero) y primavera (unos 10 días desde finales de marzo a principios de abril).
Quienes quieran profundizar más en el sistema educativo japonés pueden consultar la guía publicada por el MEXT, nombre con el que se conoce al Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología de Japón.
Ayuko Suehiro describe en School in Japan: 20 Fascinating Facts You Didn’t Know algunas curiosidades sobre la educación en Japón. El artículo explica cómo el sistema educativo japonés combina tradición, disciplina y modernidad en cada etapa.
Desde los primeros años, los niños van al colegio solos —a veces en grupos organizados llamados shūdan tōkō— y cargan con la emblemática mochila randoseru, símbolo de durabilidad y orgullo escolar (escribí una nota sobre ello: Una mochila japonesa).
En la escuela, el respeto y la rutina tienen un papel esencial: los alumnos saludan con una reverencia al profesor al comenzar y terminar la clase, y asignaturas como la moral o la caligrafía tradicional (shodō) forman parte del currículo obligatorio.

También practican simulacros de evacuación ante terremotos y celebran el undōkai, el festival deportivo que refuerza la cooperación y el espíritu de equipo. La educación japonesa no solo se centra en el conocimiento, sino también en la formación del carácter y la convivencia.
Las clases incorporan métodos curiosos, como las hojas rojas transparentes que permiten ocultar respuestas y repasar de manera activa, o la enseñanza del lenguaje honorífico (keigo), que inculca respeto hacia los mayores.
La disciplina se refuerza dentro y fuera del aula: la mayoría de las actividades deportivas se organizan en la escuela, el curso comienza con una ceremonia de entrada (nyūgakushiki) bajo los cerezos, y los estudiantes reciben tareas incluso durante las vacaciones. Además, algunos centros mantienen clases en sábado, mientras que muchos alumnos asisten por la tarde a academias (juku) para preparar los exigentes exámenes de acceso universitario.
Las clases de programación son obligatorias desde primaria hasta bachillerato, y se fomenta la educación financiera para enseñar a los jóvenes a gestionar impuestos y ahorro. En las zonas rurales, el aprendizaje se extiende al entorno natural con proyectos satoyama sobre agricultura y sostenibilidad.
En la universidad, el acceso es duro, pero graduarse resulta más sencillo, ya que se valora más la experiencia que la competencia. Finalmente, hasta la secundaria inferior, los alumnos pasan automáticamente de curso junto a su grupo, priorizando el desarrollo social por encima de los resultados académicos individuales.
El vídeo Day in the Life of a Japanese Elementary School w/ Only 8 Students muestra un día en la vida de una escuela primaria japonesa muy pequeña, con solo ocho alumnos y once profesores. Los niños estudian en Kojin Shōgakkō, una escuela pública donde cada alumno recibe una atención muy personalizada debido al reducido número de estudiantes. Es un caso particular, pero resulta interesante verlo.
Uno de los momentos más llamativos es el almuerzo escolar, el kyūshoku, que forma parte de la educación: los propios alumnos sirven la comida, comen juntos y aprenden hábitos saludables. Cada menú cuesta unos 224 yenes (1,50 dólares), lo que permite ofrecer una comida nutritiva al día para todos los niños, sin importar su situación económica. En otro vídeo del canal Japanese Food Craftsman se muestra con detalle el momento de la comida.
🤝 Valores, comunidad y respeto
El modelo educativo japonés pone el acento en los valores y la convivencia. Desde pequeños se inculcan la responsabilidad, el respeto, la cooperación y la limpieza. Los alumnos limpian las aulas y los espacios comunes, fomentando el sentido de comunidad y el respeto por el entorno. Este sería —reconozcámoslo— un punto muy polémico si se estableciera en nuestra sociedad. No tardaríamos en escuchar: «Mi hijo no tiene por qué limpiar». En Japón se promueve el trabajo en grupo y la armonía social (wa), y la limpieza y el orden son una forma más de colaboración.
El nivel académico en Japón es alto. El sistema se centra en el esfuerzo personal (ganbaru) y la perseverancia. Los exámenes de acceso, especialmente al final de la secundaria, son muy exigentes, pero el nivel de alfabetización y éxito escolar es igualmente elevado. En otro vídeo, Paolo fromTOKYO relata un día típico en la vida de un estudiante universitario japonés.
El respeto al profesor es un valor fundamental en la sociedad japonesa, algo que en la nuestra, la occidental, parece que siempre necesite alguna precisión. Todo el mundo entiende el respeto como un valor positivo, pero cuando se trata del “respeto al profesor”, la expresión ya parece requerir matices, no sea que se malinterprete.
En Japón, los docentes suelen implicarse también en la formación ética y social del alumnado. Las escuelas funcionan, en definitiva, como verdaderas comunidades educativas, donde profesores, familias y alumnos colaboran estrechamente.
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